de lunes a viernes

de 7:00 a 19:00h

piruetas@piruetas.es

Estimulación sensorial y motriz en los bebés: Gateo

Estimulación, sentidos, cuerpo y entorno

La semana pasada iniciamos en Piruetas los talleres de estimulación sensorial y motriz.  En la sesión de “Gatitos”, los bebés de 6, 7 y 8 meses, trabajamos con ejercicios para estimular el desarrollo de la percepción espacial y la integración de la conciencia corporal a partir de la preparación al desplazamiento por arrastre y posterior GATEO.

Los beneficios del “gateo” son tan importantes como lo son los de otros patrones motores que conllevan la coordinación dinámica general del cuerpo, la intervención de todos los segmentos corporales y la percepción visual como guía de la voluntad del movimiento.

Al igual que no podemos afirmar que los niños que no comen fruta serán obesos, tampoco podemos afirmar que los niños que no gatean tendrán problemas de lectoescritura. Pero ello no quiere decir que dejemos que el bebé pierda la oportunidad de tener la experiencia del gateo.

¿Por qué es importante el gateo?

  • Gateando se realiza lo que llamamos el patrón cruzado, se establecen conexiones interhemisféricas, es decir, utilizan una mano y pierna contraria y eso fomenta que maduren las conexiones entre los dos hemisferios a través del cuerpo calloso. Se crean rutas de información más rápidas y eficientes para procesar la información que proviene de las vías sensorial o motora. Esto permite que más adelante su cuerpo funcione con mayor fluidez, fundamentalmente en las respuestas a percepciones en “estéreo” de los ojos, oídos, tacto…
  • Fomenta la coordinación ojo-mano fina y gruesa, la percepción visual y espacial, la integración de la conciencia corporal del niño. Aprende a medir el espacio que les rodea.
  • Aumenta la fuerza de sus manos, muñecas, brazos, codos, espalda, piernas, rodillas y caderas.
  • Estimula músculos, articulaciones y terminaciones nerviosas.
  • Ayuda a equilibrar ambos lados de la cadera y la zona de los hombros y trapecios (músculos de la espalda superior)
  • Previene problemas de contracturas o desequilibrios de la columna vertebral (escoliosis).
  • Consolida las bases de una lateralización manual, visual, auditiva y podal. Ayuda a adquirir las destrezas visuales necesarias para el aprendizaje como la focalización, convergencia, campo visual.
  • En el gateo el bebé aprende a equilibrar y reequilibrar su centro de gravedad y su cuerpo. A partir de esas pérdidas y acomodaciones del equilibrio, el bebé adquiere mayor seguridad, se siente más capaz y se mueve con más autonomía.

No todos los bebés pasan por el gateo antes de andar porque cada uno es diferente y lleva un ritmo de desarrollo único y propio. Pero no es lo mismo “no gatear” pero desplazarse y encontrarse con el entorno con “avidez” por explorarlo sintiéndose seguro y con el tono adecuado que, “no gatear” por inhibición del interés natural producido por la falta de libertad de movimientos o excesiva protección.

En el artículo de hoy nos centramos en el mundo perceptivo y de cómo podemos estimular las conexiones nerviosas relacionadas con la conexión de los dos hemisferios, la función visual,  la propioceptiva y vestibular, la memoria sensorial…

Antes del gateo: el bebé y el mundo

La función más importante de la consciencia del lactante es la percepción que se apoya en la entrega del bebé a su “medio ambiente”. Toda su actividad psíquica está orientada a conocer su mundo. El bebé, es “todo sentidos” que con apetencia absorben el  medio ambiente. En otro momento hablaremos de cómo el bebé asimila cada percepción y de cómo se alojan en el cerebro y en el subconsciente las primeras experiencias vividas.

Debemos comprender que para el bebé, la relación con el mundo le permite descubrir también su propia corporalidad que al principio también es “mundo externo”.

Así descubre sus “manos” que aparecen en su campo visual y las utiliza como su primer juguete.

Podemos ayudarle a descubrirlas tocándolas, extendiendo sus deditos y haciendo que toda su palma contacte con la piel de mamá o papá, ya sean las manos, la cara, el contacto de piel con piel aporta sensaciones en los receptores de las palmas que graban en la memoria información valiosísima.

También podemos aprovechar el reflejo de prensión y darle un objeto con contraste de  color que suene y que facilite el seguimiento visual.Estos son juegos naturales que todos los padres hacemos, pues sepamos que cuando les tocamos las manos  estamos incidiendo en la memoria sensorial táctil.

Luego descubrirá sus pies y sus piernas que puede coger y que aparecen y desaparecen como el “cucu tras”.

Podemos ayudarles (en posición tumbado boca arriba) cogiendo sus piernitas y realizando movimientos de manipulación articular siguiendo un ritmo pero siempre observando y entrando en “contacto sensitivo” con nuestro bebé. Esto supone “sentir” su cuerpo, al flexionar sus piernas poner atención en el tono que ponen ellos, y jugar con alternancias de resistencia aprovechando todos los movimientos de las piernas:

  • Flexión y extensión de caderas.
  • Flexión y extensión de rodillas.
  • Flexión y extensión de tobillos.
  • Inclinaciones laterales.

Con movimientos simultáneos de las dos piernitas a la vez y también alternado una pierna y otra.

Sin forzar, sin obligar, respetando sus tiempos y con el principio de placer como motor de la motivación, lograremos que nuestros bebés disfruten del juego y desarrollen la adecuación del tono ante diferentes resistencias.

No tengamos miedo de poner al bebé en posición ventral, con apoyo de su barriguita en el suelo, es la posición de inicio de cualquier desplazamiento y de alcanzar el objeto deseado.

Si lo hacemos con seguridad y con todo nuestro amor, demostraremos al bebé que es una posición natural y así, irá adquiriendo fuerza en sus brazos, espalda, piernas y caderas, irá tomando conocimiento de la dimensión de su cuerpo y una adecuada propiocepción de las diferentes partes del mismo.

Podemos ir aumentando los tiempos poco a poco, poniéndole boca abajo sobre suelos blandos (la cama, una manta de juegos) pero también duros (el suelo), en horizontalidad de 1800 o con un cojín debajo de su vientre. Al principio, siempre con nuestro contacto visual, como elemento motivador y más tarde, con el juego con objetos.

Los rolidos son fundamentales para “estar cómodos” y poder cambiar de posición. A los 5 ó 6 meses deberían alcanzarse. Permiten integrar el “reflejo tónico simétrico del cuello” como incorporar la percepción de la totalidad del tronco (espalda y vientre) así como de brazos y piernas.

Para girar hacia boca abajo podemos ofrecerle un objeto o un dedo nuestro y una vez que lo coja, llevarle suavemente hacia el lado contario de la mano que tiene el objeto y ayudarle empujando el lateral de la espalda.

Para girar boca arriba al bebé, haremos lo mismo ofreciendo un objeto a la mano derecha y colocando el brazo izquierdo flexionado debajo del pecho. Una vez que su cuerpo comienza a “sentirse como unidad básica” y los movimientos tienden a ser más organizados y cada vez más voluntarios, es entonces cuando le permite explorar otras “regiones”.

Así llegamos al arrastre…

Os proponemos algunos ejercicios muy sencillos y maravillosos que le permiten al bebé llegar, con la ayuda de mamá o de papá pero de forma independiente, al objeto deseado.

Podemos hacerlo en superficies semiblandas o duras, pero no nos vale el colchón de la cama. Y siempre descalzos, incluso mejor sin calcetines.

Dejamos al bebé boca abajo y con un solo objeto por delante. Cabe destacar que cuanto más pequeños, más importante es el objeto deseado, por tanto si es mamá o papá mejor.

Y con las manos en sus talones y plantas de los pies les flexionamos las piernas de tal forma que al intentar extenderlas empujen contra nuestras palmas y se deslicen sobre el suelo  avanzando.

Una vez que coja el “objeto” siempre le reforzaremos con alegría y muchos mimos.

¡De verdad! Es muy sencillo y muy, muy eficaz para lograr el arrastre autónomo.

Luego podemos hacerlo, empujando cada vez una pierna, sobre rampas… También podemos ofrecer la resistencia en las manos y que deslicen hacia atrás.

 Con la pelota de Pilates:

Son juegos divertidos, placenteros y estaremos ayudándole a fortalecer su musculatura, practicar el agarre con las manos y desarrollar el equilibrio a través de los cambios de posición y la acomodación del sistema vestibular.

Si no hemos tenido experiencias previas con este material, lo primero será familiarizarse con el balón, debemos manejarlo y “sentir” cómo se mueve, cuánto pesa, su volumen, ello nos servirá para ponernos en “consonancia” con nuestro bebé y descubrir el objeto tal como él lo hace.

Es fundamental darles seguridad y sensación de sostén y protección, si el bebé se asusta o tiene miedo, paramos, damos consuelo y podemos intentar retomar pero si se niega, será mejor dejarlo para otro momento.

Tumbamos al bebé boca abajo sobre la pelota. Con una mano o las dos le sujetamos presionando sobre su espalda o en la parte inferior.

De esta manera movemos la pelota y al bebé a la vez. Es importante moverlo en todas las direcciones: delante-atrás, derecha-izquierda y en diagonal.

Estos movimientos deben ser suaves y acompasados. De esta manera su cuerpo siente el efecto de la gravedad que intenta separarlo de la pelota y moviliza todos los músculos para seguir en contacto con ella.

Y siempre el principio de placer y la vuelta a la calma:

Después de estimular con ejercicios perceptivo motores volvemos a la calma, a la entrega del tono corporal, al contacto suave y placentero.

La propuesta de hoy es hacerlo con “mantitas”. Como se aprecia en la imagen adjunta, vamos a tumbar al bebé boca arriba primero y coger la manta por las dos puntas. Con un fondo de música melodiosa o bien cantándole una nana, le arrastraremos haciendo que deslice en contacto con el suelo. Las formas pueden ser infinitas, la idea es que se transforme  en una danza armónica y de conexión entre los padres y bebé.

 

Responder